

El libro de Daniel Matamala me ha divertido largamente, porque pertenezco a una generación que ni nacía en esa época. Disculpando la ignorancia pase toda mi niñez pensando que Chile había sido campeón Mundial de fútbol, para que se creara la mítica canción de German Casas y los Ramblers ( El Rock del mundial) que decia mas o menos asi:
El mundial del `62 es una fiesta universal
Del deporte del balón como consigna general
Celebrando nuestros triunfos bailaremos rock and roll.
Pero asi como el mito del viejo pascuero mi desilusión fue tremenda cuando me entere de la realidad, que nuestra selección fue tercera en el certamen organizada en nuestra tierra, por eso y sumado a la polvareda que levanto la publicación de este libro tanto así que mas de alguien amenazo con acciones legales en contra del autor, me aventure y me sumergí en las paginas para tener una opinión informada sobre este tema que arde tanto en las carnes del mundo deportivo chileno.
Bueno parto por destacar el estilo narrativo del libro muy florido ágil y agradable de leer, es una cordial invitación al lector que se sostiene de principio a fin.
En segundo lugar todo el mundo ha entrado en polémicas calificando el libro de “mal intencionado”, pero cada uno podrá fomentar la discusión como lo crea prudente pero por lo menos para este humilde parroquiano en el texto se narra el camino recorrido, casi quijotesco de Carlos Dittborn, Juan Pinto Duran y todos aquellos que estuvieron involucrados en la gestión del evento mundialero.
La investigación abarcada por Daniel Matamala desnuda la parte humana del evento y como sobre la marcha se tuvieron que solucionar muchos problemas como: El alojamiento de las delegaciones, el problema de las sedes, la construcción de los estadios, el terremoto por medio que azoto nuestro país, otras aventuras que invito francamente a todo aquel que visite este espacio a leer el libro y a formarse su propia opinión, mas que hacerse parte de los comentarios que pululan por la red.
Por otra parte también se refleja nuestra historia futbolística, la camada de jugadores que compuso el seleccionado chileno de la época, la exclusión del mítico “Cúa Cuá” Hormazábal, el nivel de desarrollo de la actividad deportiva donde: “abundaban las buenas intenciones, pero faltaban kilos de profesionalismo”. Que hasta el día de hoy, mientras escribo estas líneas estamos expectantes sobre el inicio de la “revolución futbolística” propuesta por Harold Mayne- Nicholls a Marcelo Bielsa, donde lo único que falta es la rubrica del acuerdo por parte del DT rosarino, para dar el salto final que tal vez llevara a levantar la copa del mundo a nuestro país, como lo pense de niño alguna vez.
Para terminar creo que se cumple a ultranza el objetivo del libro que el día de mañana al entrar a una librería exista una estantería de libros dedicados a los mundiales donde el ejemplar de Matamala para bien o para mal tiene su lugar ganado.
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